lunes, 11 de agosto de 2008

Xéneros musicais e culturas urbanas



LA CUMBIA VILLERA
Por Rodolfo Etrea
Psicólogo social y comunicador

"El tango entendió que el sonido de Dama Negra no sólo era cumbia, era canción testimonial, grito de revancha, rencor concentrado. ¿Por qué mierda habré nacido aquí? ¿Por qué no puedo ir a la escuela? ¿Por qué los ratis me persiguen? ¿Por qué me pegan? ¿Por qué tengo que ir a cirujear? ¿Por qué me violan? Porque de todos los colores, en especial negros. Y después, cuando las preguntas sin respuestas se asientan en el fondo del corazón, es posible levantar el orgullo de origen y hacer música". [De "Paco", personaje del cuento "Los ángeles bailan cumbia", del libro "Pendejos" de Reynaldo Sietecace]
Si el tango, según Discépolo, es "un pensamiento triste que se baila" y el rocanrol, según el Indio Solari, es "un pensamiento crítico que se baila", habrá que pensar, según el psicoanalista Lewkowicz, a la cumbia villera, como una subjetividad desesperada o una desesperación sin pensamiento que se baila. Entendiendo que la cumbia villera está sostenida en un fondo absoluto de desesperación (exclusión).


La cumbia villera, como toda música que nace marginal; que nace "maldita", vive una infancia corta y arrebatada. Desde el primer hit fundacional "Sos un botón", firmado por Pabo Lescano e interpretado por Flor de Piedra, este género experimenta un brutal y alucinado estallido popular, paralelamente a este crecimiento, una cacería moral y ética no muy consecuente y varios intentos por declararlo muerto.

Lo que hoy es innegable e incontrastable es que la cumbia villera está en todas partes, con su sonido cadencioso, hiperealista y ferozmente pegadiza.
Siguiendo con Lescano, que como se sabe es el principal responsable del giro que pegó una parte de la cumbia villera en el último tiempo. Un giro, que además de temático es sonoro.

"Hice muchas cosas feas, de las que me arrepiento. Me descontrolé con el escabio y otras porquerías. Hice cualquier desastre, no lo niego ni lo oculto. Pero también de las cosas malas se aprende. Yo estoy de pie. Acá me ven. Pero más que eso. Lo que quiero es que me escuchen. Yo soy músico. Mú-si-co! Es lo único que importa.

Pablo Lescano

"En México, en Paraguay, en Pacheco o en Tucumán, pasa siempre lo mismo. Los que nos siguen se identifican con nosotros. A los que nos gusta venir a bailar o a tocar y después quedarnos a bailar y disfrutar, no nos gusta hacernos los artistas. Nos consideramos músicos. Artistas son los que hacen que tocan."

"Lo mío es la cumbia colombiana, la cumbia... Vivo cumbia, amo cumbia. Puedo llegar a escuchar alguna otra cosa, por influencia de algunos amigos, pero mi fuerte, lo que mas me conmueve es la cumbia. Todo lo que hice en mi vida me sirvió. Uno de la vida aprende. De las cosas que hace bien, aprende, y de las cosas que hace mal, se cae y se levanta con mas fuerza para seguir adelante. Así que no me puedo quejar de nada"

Declaraciones de Pablo Lescano.

Es el que reinventó el sonido del teclado cumbiero, llevándolo a una atmósfera de ensoñación suburbana, sintética y seductora.
El líder de Damas Gratis plantea que la cumbia villera es una mezcla de ritmos mucho más activa de lo que sugiere su título. Va más allá de su lugar de origen, hay mezclas interesantes, mezclas que incluyen el reggae, el tango más reo y un híbrido que podría denominarse SKA pueblerino.
Otra de las cosas sorprendentes, sostiene Pablo Trapero, director de entre otras películas Mundo Grúa, El Bonaerense, es que estos himnos anti-ratis, eran consumidos por los propios policías. O sea que no hay una cuestión de bandas, sino que es la música de un mismo lugar. No hay música de buenos o de malos.
Para su análisis podríamos calificarla a la cumbia villera como una tribu urbana. Esta tribalización implica una ruptura con el orden social, monopolizado por la uniformidad, en un proceso de fragmentación, creciente con la explosión de identidades pasajeras.
Las tribus son una reacción conciente o no a la progresiva juvenilización de sectores bajos y medios, que aparecen desvinculados de la conflictividad, pero que son alcanzados por el aumento de la pobreza, el desempleo y la exclusión.
La opción por las tribus funciona en parte, como una deserción, un camino de vida alternativo, dirigido por otros valores, orientados hacia una dirección distinta, un abandono radical de la pelea antes de iniciarla. Bajarse del tren antes de que el viaje comience.
Pueden advertirse en estos posicionamientos, en estas resistencias, en estas opciones encontradas, claros exponentes de la lucha de clases, librada fundamentalmente en el plano simbólico.
Se puede concluir con algunos conceptos del sociólogo Néstor García Canglini "adoptar el punto de vista de los oprimidos o excluidos puede servir en la etapa de descubrimiento para generar hipótesis o contrahipótesis. Para hacer visibles campos de la realidad descuidados. Pero el objetivo final no es representar la voz de los silenciados, sino entender y nombrar los lugares. Desde donde sus demandas o su vida cotidiana entra en conflicto con los otros".


Fuente: www.agenciaisa.com.ar

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